¿Un nuevo orden en la información?

Autores/as

Reinhard Keune

Sinopsis

El debate en torno al Nuevo Orden Internacional de la Información y de la Comunicación (NOIIC) constituye una de las demandas más desafiantes presentadas por los países en vías de desarrollo para regular los flujos de información transfronterizos, especialmente entre el Norte y el Sur. El concepto, aprobado por aclamación en la UNESCO en 1978, buscaba corregir una asimetría alarmante en la que cinco agencias transnacionales (Associated Press, United Press International, Reuters, Agence France Presse y Tass) concentraban más del 90% del comercio mundial de noticias. Esta posición de oligopolio se repetía en el mercado de las noticias de televisión y en la diseminación de programas, imponiendo al Tercer Mundo contenidos descontextualizados, sesgados e inclinados al sensacionalismo que obstaculizaban la formulación de sus propias prioridades de desarrollo.

El conflicto enfrentó abiertamente la doctrina occidental del "libre flujo de información" —asentada tras la Segunda Guerra Mundial y percibida por el Sur como una ventaja comercial desigual— con las exigencias de regulación y soberanía cultural de los países en desarrollo. La búsqueda de un consenso llevó a la UNESCO a comisionar un estudio global liderado por Seán MacBride, cuyo informe final en 1980 propuso equilibrar la libertad de prensa con la responsabilidad profesional y el respeto a la identidad cultural. De allí derivó la creación del Programa Internacional para el Desarrollo de la Comunicación (PIDC). Sin embargo, el PIDC se convirtió rápidamente en un escenario de disputa: mientras el Sur esperaba un canal de financiamiento y apoyo material masivo, los países occidentales limitaron sus aportes financieros y condicionaron la ayuda a mecanismos de cooperación estrictamente bilaterales.

Frente a las limitaciones de la cooperación multilateral, el Tercer Mundo asumió que el cambio estructural debía comenzar a nivel interno. Esto impulsó la creación de alternativas concretas de intercambio "Sur-Sur" para romper la dependencia de las redes del Norte, tales como la red ASIN y la agencia ALASEI en América Latina, la agencia PANA en África, o el consolidado sistema Asiavision en el continente asiático, el cual logró operar un intercambio diario de noticias de televisión coordinado de manera independiente y bajo criterios estrictamente profesionales. Paralelamente, los gobiernos del Tercer Mundo empezaron a tratar sus sistemas de información nacionales no como meros canales de entretenimiento, sino como recursos de desarrollo estratégico equivalentes al trabajo o a las materias primas, lo que exigía inversiones en infraestructura rural, capacitación técnica y la reducción de las altas tarifas de telecomunicaciones.

Hacia el futuro, el texto advierte que el avance tecnológico plantea nuevos y complejos escenarios de conflicto internacional que superan los medios masivos tradicionales. La aparición de los satélites de transmisión directa (DBS) provocó intensas batallas regulatorias sobre el "derrame" de señales televisivas transfronterizas sin el consentimiento de los países receptores. Asimismo, el despliegue de redes de computadoras y el consecuente flujo de datos transfrontera representan el reto más inminente, dado que la centralización del procesamiento de datos en las corporaciones occidentales amenaza con concentrar los poderes de toma de decisión económica en el Norte, abriendo una nueva brecha de dependencia científico-tecnológica para la cual el Sur aún necesita articular respuestas políticas y económicas estructurales.

Publicado

septiembre 28, 2026

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